ESPECIAL NAT GEO by Austral


CHECK IN. LOS MUROS DE LA HISTORIA

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THE SINGULAR PATAGONIA

Por: Erick Pinedo. Fotos: Sergio Izquierdo. Coordinación Logística: Austral

NATIONAL GEOGRAPHIC TRAVELER. JULIO/AGOSTO 2018.

A orillas de los fiordos chilenos, una fábrica que ha visto pasar siglos de historia recibe a los viajeros en el ahora exclusivo hotel The Singular Patagonia.

Hay obras arquitectónicas que han formado parte de la historia y la han visto pasar entre sus paredes mientras el mundo evoluciona. En Puerto Natales, una de las ciudades más australes del planeta, las ruinas del que fuera el principal centro de exportación de productos ovinos durante casi 70 años, en la Patagonia chilena, hoy recibe a los viajeros que llegan al Fin del Mundo para disfrutar uno de los entornos naturales más impactantes del continente, bajo el resguardo más exclusivo que un alojamiento pueda ofrecer.


Guiados por el concepto de restaurar un monumento digno de la cronología de Chile, empresarios adquirieron la propiedad que fungía como el Complejo Industrial de Frigorífico Bories -una fábrica que llegó a procesar hasta 3600 ovejas diarias durante la mayor parte del siglo XX- para crear el lujoso hotel The Singular Puerto Bories. Sin embargo, el trabajo a lo largo de 100 años para llegar a este punto ha sido arduo.

A finales del siglo XIX, cuando se comenzó a introducir la ganadería en las entonces deshabitadas estepas, la industria ovina se extendió rápidamente mientras el gobierno impulsaba un plan para poblar el inhóspito sur. Fue así como algunos empresarios europeos adquirieron concesiones de tierras a precios de remate. Entre ellos, la familia Braun-Noriega se hizo de uno de tres millones de hectáreas para crear la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego en 1893, la mayor empresa ganadera de la Patagonia que impulsaría el desarrollo de la región, así como al fundación de Puerto Natales.


Hoy, el transporte deja a los huéspedes en la entrada principal, un sitio de aireado y drenado que aún mantiene los rieles donde se colgaban los ovinos faenados. Desde Ahí, un pequeño tren de carga los traslada hacia otra construcción para acceder a la recepción, donde una chimenea casi derruida se conecta a dos calderas y sobresale por encima del tejado, testigo de la influencia de la Revolución Industrial en América del Sur durante el siglo antepasado. Piezas, pistones, ruedas, tuercas, tubos, llaves, motores y escaleras oxidadas componen la maquinaria de toda una fábrica de antaño que da la bienvenida.

Para mantener la mercancía congelada antes de llevarse a Europa, 12 cámaras frigoríficas y cinco bodegas de almacenamiento -con capacidad para 180000 unidades, o unas 850000 toneladas de producto final- debían mantenerse a temperaturas de entre -14 y -18°C con ayuda de la refrigeración con amoniaco a base de vapor, el cual se producía con dos calderas de carbón y leña que funcionaban 24 horas. Hoy, este espacio alberga los tres pisos principales del hotel, que fueron parte del proyecto de restauración y adaptación diseñado por Pedro Kovacich, arquitecto croata-magallánico que puso énfasis en respetar los materiales y la arquitectura original del frigorífico -de estilo post victoriano inglés- para resaltar la historia nacional. Amplias, cómodas y con un ventanal de pared completa -6 metros de ancho- las 54 habitaciones y tres suites que componen el hotel cuentan con una increíble vista hacia el muelle y el paisaje que se refleja sobre las aguas del fiordo Ultima Esperanza.

Del otro lado de la recepción, el que fuera edificio de curtiembre -donde la lana se separaba del cuero y se procesaban ambos para su exportación- en la actualidad resguarda un bar, el salón de desayuno y el restaurante, cuyas paredes muestran imágenes tomadas en 1918 con decenas de personas, incluyendo padres e hijos, posando cabizbajos frente a la maquinaria que muchos manejaron a diario y durante décadas.


Si bien el crecimiento económico despego a partir de la entrada en operación del frigorífico, los obreros -unas 400 personas en época de faena, en su mayoría traídos de Chiloé por su reconocida fortaleza física- nunca vieron beneficios mientras trabajaron largas jornadas bajo climas extremos, con pagos raquíticos que gastaban en la misma tienda de la empresa, carentes de atención médica y sin distinción de edad. Esas condiciones llevaron a una revuelta contra los patrones en 1919, la cual significó la muerte de seis empleados y cuatro guardias de la compañía.

En la antes tornería y herrería -donde se hacían piezas de hierro para máquinas y ferrocarriles- está el quincho, un espacio techado y totalmente equipado para realizar asados donde el chef Ricardo Bustamante prepara los mejores cortes para acompañar con un tradicional carmenere, el orgullo de Chile. Al fuego del asador, una mesa desplegada por los meseros para degustar las más finas carnes marinadas desde la noche anterior. Cordero, chorizo, lomo y entraña -la especialidad- son el menú que se ofrece a diario en este edificio de ladrillo que aun resguarda los rieles de reparación férrea bajo la mesa principal. Además, verduras al carbón, crema de choclo -maíz- y un vino amoratado complementan la experiencia culinaria en este lado de la Patagonia.


Declarado Monumento Histórico Nacional en 1996, Museo de Sitio y Colección Privada en Diciembre de 2004, y hotel de lujo en Noviembre de 2011, The Singular Patagonia también ofrece recorridos a las inmediaciones para descubrir las maravillas naturales que aguardan en estos terrenos escarpados. A solo 25 minutos del hotel se encuentra la Cueva del Milodón, una caverna que resguardó los restos de uno de los mamíferos más grandes de la última Era de Hielo y, a menos de una hora, las puertas del Parque Nacional Torres del Paine se abren para deslumbrar con el monumental tamaño de sus formaciones rocosas y su diversidad biológica. Además, no hay que perderse la navegación por los fiordos hacia el glaciar Serrano en una de las embarcaciones del hotel -con bebidas y alimentos a bordo, incluido un whisky con hielo glaciar-; la demostración de esquila llevada a cabo por un guacho auténtico y su perro ovejero; una cabalgata por las montañas de Puerto Consuelo, y asistir a un tradicional asado donde el cordero al palo es el rey de la fiesta mientras la bota de vino pasa de mano en mano.

No hay mejor forma de recargar energías que ingresando al Spa con piscina termo regulada que se extiende hacia los exteriores desde el espacio techado, además de disfrutar tratamientos relajantes y la sala de vapor para un descanso sin igual frente a los paisajes de la Patagonia.


Los muros de The Singular no necesitan hablar; lo hacen por sí mismos al exponer un testimonio tangible sobre la mano de obra que levantó a una de las regiones menos hospitalarias del mundo. Hoy, hospedarse en este lugar, patrimonio de la historia magallánica, resulta una experiencia de lujo de la que pocos pudieron gozar en aquel entonces; sin duda, un homenaje a la edificación que dio vida a una pequeña ciudad en el Fin del Mundo.



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