ESPECIAL NAT GEO by Austral


GASTROGRAFÍA.

SIBARITAS GÉLIDOS

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Por: Erick Pinedo | Fotos: Sergio Izquierdo | Coordinación: AustralMx

Un recorrido gourmet por las aguas glaciares del sur argentino ofrece novedosas propuestas culinarias entre gigantes de hielo.

Bife de chorizo, vacíos, cordero al palo, empanadas, chimichurri y, por supuesto, merlot. La comida gaucha es famosa alrededor del mundo por su carne y vinos ejemplares; sin embargo, las nuevas tendencias en la cocina argentina comienzan a amalgamar las tradiciones e ingredientes de todos los rincones del país, desde los desiertos del norte hasta las pampas del gélido sur. Pero es aquí, en los confines del continente, donde la experiencias gastronómica de la nación albiceleste cobra otro sentido.


En las orillas del lago argentino descansa la ciudad de El Calafate, puerta de entrada al Parque Nacional Los Glaciares y sus enormes masas de hielo. Aquí, la empresa Marpatag brinda navegación en los fiordos que serpentean desde el lago e inicia su embarque en el puerto privado La Soledad, en la bahía tranquila de Punta Bandera. Con capacidad para 28 pasajeros y una terraza para obtener las mejores vistas, el crucero Leal dispone de mesas privadas y compartidas para disfrutar la travesía sobre las aguas turquesas provenientes de las montañas patagónicas.

Poco después de presentarnos con la tripulación y con la estrella de la tarde, el chef Horacio Gutiérrez, icebergs de hasta 50 metros de altura pasan a nuestro costado mientras nos acercamos al Campo de Hielo Patagónico Sur, el segundo manto de hielo más grande del planeta después de la Antártida. Así llegamos a la berra de témpanos del canal Upsala; luego de unos instantes en la parte superior de la embarcación, nos resguardamos de los vientos gélidos en el salón principal.

Entre bosques, lagos, montañas y estepa, cientos de témpanos se abren paso a lo largo de los canales mientras el circuito gastronómico inicia sobre nuestras mesas con una sopa de humita -típica del norte argentino- a base de maíz y calabaza, acompañada con una focaccia con aceite de oliva y tomate.


Continuamos por el canal Upsala con una copa de merlot, asombrados por los escenarios a nuestro alrededor, creados por desprendimientos de los glaciares emergiendo con sus formaciones, picos, cavernas y paredes que emanan de un azul eléctrico desde su interior.


Minutos después, duna terrina de cordero asado roba nuestra atención. Proveniente de una estancia de la zona y acompañada de por un arrope (mermelada) de higos y cebolla, la suavidad y sabor de la carne de inmediato se hacen las mejores compañías del vino a la vez que nos acercamos al glaciar Spegazzini, el cual marca los límites territoriales entre Argentina y Chile. Con un frente de hasta 135 metros, este es el glaciar más alto del parque y, junto con el Perito Moreno, uno de los más importantes. Un risotto de langostinos -típicos, originarios de Santa Cruz- acompaña la fascinación.


Ahora, solo un alfajor de chocolate blanco y dulce de lecha con frutos rojos podría poner nuestros pies en la tierra, ¿o no? Ya con las papilas embriagadas de sabor, el circuito gastronómico termina con una caminata para sentar los alimentos. El crucero atraca en el Puesto de las Vacas, donde los lugareños criaban ganado hasta que abandonaron la zona durante la década de los cincuenta del siglo pasado, dejando libres a vacas y caballos cuya descendencia se ha hecho silvestre. Hoy, unas 4000 cabezas de ganado ejercen una grave presión al ecosistema, ya que consumen las plantas nativas; además, los restos de una cabaña y árboles quemados marcan la presencia humana en una zona que, por lo demás, pareciera inhóspita.

Tras un breve recorrido a pie por las estepas, regresamos al navío para partir al puerto La Soledad. Al desembarcar, nuestros sentidos quedan satisfechos por haber admirado y degustado las maravillas del territorio argentino. Una navegación a través de sabores que deleitan el paladar e imágenes que cautivan la memoria en esta gélida travesía gourmet.


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